domingo, 20 de marzo de 2011

Frases de los hijos de la Libertad. (Les enfants de la Liberté, Marc Levy)

Segunda Parte

-Pienso en el tiempo perdido, lo cuento.

-La falta del otro es un abismo; a veces, de noche, levanta la mano e intenta retener lo inasible: la caricia que ya no está, el recuerdo de una piel cuyo sabor ha desaparecido, una mirada en la que la complicidad vivía en paz.

-Sin embargo, viéndolo encerrado en su desesperación en medio de este sórdido universo, he descubierto una de las bellezas más justas de nuestro mundo : un hombre puede conformarse con perder la vida, pero no con la ausencia de los que ama.

-Aquí estamos en la cloaca del mundo , en un espacio oscuro y pequeño, un territorio en el que reina la enfermedad.



-Ya ves, ésta es la historia de un cura que deja de comer para salvar a un árabe, de un árabe que salva a un judío dándole una razón para vivir, y de un judío que sujeta a un árabe entre sus brazos en la hora de su muerte, mientras él espera su propio turno; la historia del mundo de los hombres tiene insospechados y maravillosos momentos.

-Es increíble lo flexible que es uno cuando lo acaban de fusilar.

-Hay que tener hagallas para aceptar que el miedo sea dueño de todos tus días, de todas tus noches, y aún así , seguir viviendo, seguir actuando, y creer que la primavera volverá. Morir por la libertad de otros es difícil cuando sólo tienes diecisiete años.

-Que la muerte es asquerosa, no es ningún secreto para nadie.

-Quedan muchas Bastillas por tomar.

-De noche, todavía veo a veces cómo vuelan los trocitos de papel. En mi pesadilla revolotean hasta el muro que hay detrás del poste de los fusilados y se vuelven a unir los unos a los otros para recomponer las palabras que André había escrito justo antes de morir. Acababa de cumplir dieciocho años.

-Se puede amar mucho a los diecisiete años, se puede amar hasta olvidar el hambre, se puede amar hasta olvidar que ayer todavía sentía miedo. Pero, desde ayer, su vida ha cambiado, por que ahora alguien ocupa sus pensamientos.

-No importa lo que fuera a decir, un compañero necesitaba que yo lo escuchara.

-Su corazón le impedía apuntar , tenia un corazón enorme, te lo aseguro. Iba con las manos vacías al combate, tranquilo y seguro de su victoria.

-Que lejos está la primavera de esos fríos días de mayo.

-Todos nosotros esperábamos la libertad, pero cuando se abren las puertas de la prisión, todos salimos en fila y encadenados.

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