domingo, 20 de marzo de 2011
Frases de los hijos de la Libertad. (Les enfants de la Liberté, Marc Levy)
Tercera Parte
-En la antecámara de la muerte, me pregunto en qué piensa el conductor de la locomotora, en qué piensan las familias alemanas que han ocupado su lugar en cómodos bancos de sus compartimientos, hombres y mujeres que, a dos vagones de nosotros, beben y comen a su antojo. ¿Alguno de ellos se imaginará a estos prisioneros que se ahogan , a los adolescentes desmayados, a todos estos seres humanos a los que quieren quitar la dignidad antes de asesinarlos?
-Todos, somos el extranjero de alguien.
-Los sentimientos se cuelan a través de los barrotes más estrechos, se van sin miedo a la distancia, no conocen , ni las fronteras de las lenguas, ni de las religiones, se reúnen más allá de las prisiones inventadas por los hombres.
-Aunque nos hubiéramos vestido lo mejor que hubiésemos podido, nuestra demacrada figura habría traicionado nuestro estado.
-Soy al que le salvaste la vida, y ahora mi vida te pertenece.
-Se dice que la humanidad de ciertos hombres nace del recuerdo del sufrimiento y de la similitud que los liga a su enemigo.
-¿Crees que la demencia es contagiosa?-No sé nada, pero haced que se callen.
-Era 26 de Agosto de 1944 , y nos habíamos salvado.
-En aquel campo de rastrojos, mi hermano pequeño y yo éramos y seguiríamos siendo siempre dos hijos, de la libertad, perdidos entre sesenta millones de muertos.
-Más allá de todo, sólo quiero, que recuerdes que soy tu padre.
-Entonces recuerdo que la palabra extranjero es una de las más bellas promesas del mundo, una promesa de colores, bella como la Libertad.
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